Cual tenaz guardaespaldas o amante celoso, Tai Yin sigue al sol en sus rondas cotidianas sin apartarse de él ni por un instante. Va repartiendo desde allí, como al desgaire, todo tipo de horas: malas o buenas, mejores o peores, intrascendentes o decisivas. Cada vez que alguien exclama, como su lugarteniente Alvar Fáñez de Minaya […]
